- Hamlet (2001) Sala La Riviera. Madrid

3/26/2008 05:29:00 p. m. Publicado por David Gallardo

Lugar: Sala La Riviera. Madrid
Fecha: 17 febrero 2001
Asistencia: 2.000 personas
Artistas Invitados:
Precio: 1.700 pesetas
Músicos: J. Molly (voz), Pedro Sánchez (guitarra), Paco Sánchez (baterista), Luis Tárraga (guitarra solista), Augusto (bajista)


OPCIÓN A: Aaaaah, jajaja, ¿pero tú has visto a ese tío? ¿Quién coño se cree con esas melenitas y esa pose de matón de bar decadente? Madre mía, es que es insoportable. Un canijín que no tiene ni media, pero luego mira, ahí encima, todo posturitas, miraditas amenazantes, menudo un perdonavidas. ¿Y esa forma de moverse? ¿Quien le ha dicho que lo hace bien, por el amor de dios? La verdad es que da verguenza ajena, ay, sí, sí, y mucha.

OPCIÓN B: El tío se cree lo que hace, se desvive en el escenario. Ya está bien de cantantes de grupos costras que podrían pedirte dinero para calimocho en cualquier esquina. Sobre las tablas hay que marcar una diferencia, él está ahí, nosotros abajo, hemos pagado para verle actuar con su banda. Hay que ser una rock star con todas las consecuencias, altiva y arrogante incluso si es preciso. Además, el tipo berrea que da gusto, rapea muy dignamente cuando tiene que hacerlo e incluso se atreve a ponerse melodioso cuando toca cantar. Un buen frontman.

OPCIÓN A: Ya, ¿pero estos ahora de qué van? ¿No empezaron siendo heavies de esos de pelo cardado y melena al viento? Pero claro, ese estilo se pasa de moda y ahora se apuntan al chandal metal como si lo hubieran inventado ellos. No tiene mérito, todo lo que hacen es ya pasado en Estados Unidos, no son más que una mala copia de los Deftones, todo superproducción y grito sin sentido. Suenan muy alto y poco más. Cuando vean que esta moda pasa de largo, a lo mejor les da por darle al reggaetoncore o algo así, como Huecco, el que era de Sugarless.

OPCIÓN B: Los grupos tienen derecho a evolucionar y a cambiar de estilo tanto como les plazca. Porque su primer disco fuera en una determinada dirección, no tienen por qué quedarse anclados para dar gusto a sus más primitivos seguidores. Desde el heavy pasaron al rapcore más Rage Against the Machine, vale, ¿y qué? En lugar de quedarse en esa nueva etapa, han pasado a un hardcore más melódico, no veo el problema. La verdad es que en España hay pocas bandas tan contundentes como ellos, que están a nivel internacional, supongo que gracias al productor Colin Richardson.

OPCIÓN A: Todas sus canciones me parecen iguales. Al principio todas eran así como hiphopeando chuscamente y metiendo distorsión. Ahora se basan en reventar tímpanos con las guitarras, una voz que susurra, medio parece que sufre y se hace la dolorida (menudo tufo existencial del malo), para luego terminar explotando en unos alaridos incontrolados. Las letras me parecen un poco tristes, metiéndose con los nazis, los fachas y cosas así de recurrentes y obvias, o hablando de 'negratas' y pandilleros. ¡Pero si ellos son de Tetuán, no del Bronx o L.A.!

OPCIÓN B: Con Insomnio (1998) parecía que habían alcanzado su cima creativa, pero ojo, porque con El Inferno (2000) incluso se superaron, sonando más maduros, más banda, menos jovenzuelos. Si en el primero hay canciones como Tortura visión, Tu medicina, 1998, Antes y después, Lacabra u Odio, en el segundo están El mejor amigo de nadie, Vivir es una ilusión, Denuncio a Dios, No me arrepiento o ese bombazo que es Mi nombre es yo (con un Molly inconmensurable). Me parecen composiciones más que suficientes para que Hamlet ocupen para siempre un lugar destacado en la historia del rock español. Estos dos discos fueron el núcleo de los conciertos de 2001, junto a viejos temas como Irracional o J.F. ¡Temazos todos!

OPCIÓN A: ¿Y qué me dices del resto del grupo? Menudo manta el flequillitos del guitarra, un pintamonas en toda regla, un guapín para las malotas que sólo sabe meter distorsión y pegar brincos. Como el cantante, todo pose. Eso por no hablar del segundo guitarra, con ese aspecto de tipo duro pasado de rosca... ¡dedícate a tocar la guitarra decentemente, primero toca, luego véndenos la moto de lo guay que eres! La verdad es que los únicos que se salvan un poco son el batera, un tipo gordote que parece afable y campechano como el Rey, y el bajista, que se dedica a tocar y pasarlo bien sin parecer un mamarracho.

OPCIÓN B: Pocas bandas suenan de la manera que lo hacen Hamlet, tanto en estudio como en directo. Son de los pocos capaces de provocarte pérdidas de equilibrio por su contundencia, pero siempre sonando exquisitos, gracias sobre todo al talento en las seis cuerdas de Luis Tárraga. Junto a él, el resto de secuaces hacen su papel a la perfección. Todos juntos crean un monstruo capaz de engullir a quien se les ponga por delante. Son una banda de rock con mayúsculas, que en 1998-2001 pasaron su mejor momento.

OPCIÓN A: Sólo les hacen caso los adolescentes que van de contestatarios. Sus conciertos son insufribles porque la gente sólo va a pegarse patadas y a desatar su rabia. No se me ocurre nada más desagradable que compartir dos horas con un montón de jóvenes sudorosos y aborregados que se frotan, se empujan, se miran mal, se encaran. ¿Dónde está la diversión en esto? Supongo que más de uno habrá acabado magullado y accidentado, ¿pero eso a quien le importa?

OPCIÓN B: Recuerdo concretamente un concierto, el de La Riviera madrileña el 17 de febrero de 2001. Íbamos cuatro amiguetes, con ganas de pasarlo bien. Uno de ellos, 'usuario de gafas', ya nos sorprendió en otra ocasión atando sus visores a sus orejas con una goma de esas marrones, finitas, de las gomas de toda la vida. Evidentemente, el invento le duró un asalto, lo cual provocó nuestra mofa. En esta ocasión vivió un episodio aún más extremo si cabe, puesto que perdió uno de los cristales. De repente se quedó parado mientras alrededor la guerra continuaba. Le miramos. Se quitó las gafas. Nos miró y procedió a meter un dedo por el lugar en el que debía haber un cristal. Lejos de preocuparnos, esto provocó un cachondeo mayúsculo, acrecentado por la escena final de la velada. La sala estaba totalmente vacía, sólo quedaban los que barrían el suelo y los camareros, pero allí estaba nuestro amigo revolviendo entre la basura ante la mirada incrédula de los responsables del lugar que, cruzados de brazos, le daban unos segundos antes de zanjar la situación. Evidentemente, el preciado cristal nunca apareció.


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2 comentarios:

  1. IceFran dijo...

    jeje interesante el contraste de opciones. La opción B de la segunda parte me parece altamente correcta ;). A éstos les di en mi etapa adolescente, ya sabes cuando te revelas contra tus espinillas, y me ha parecido correcta su evolución aunque el chandal metal no me atrae demasiado...

  2. galko dijo...

    Icefran, este post está a medias porque no tuve tiempo de finiquitarlo, jeje. Pretendo seguir contrastando posturas sobre Hamlet! Efusivos saludos.

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