- Pereza (2005) Fiestas de Entrevías (Madrid)

6/20/2008 05:32:00 p. m. Publicado por David Gallardo

Lugar: Recinto ferial de Entrevías (Madrid)
Fecha: 15 julio 2005
Asistencia: 1.000 personas
Artistas Invitados: -
Precio: gratis
Músicos: José Miguel Conejo Torres 'Leiva' (voz y bajo), Rubén Pozo Prats (guitarra y voz), Roberto Aracil Caballero (baterista), Alfredo Gil Espósito (guitarras)



Por fin se había atrevido a dar el paso. Tras una ruptura excesivamente traumática, consideraba finalizado su periodo de reflexión. Llevaba ya un buen puñado de interminables meses en conversaciones con una chavala que parecía la mar de maja. Tal vez ella le diera el último empujón que necesitaba para dar carpetazo al pasado y encarar de una maldita vez el futuro con al menos un poquito de ilusión. Sí, lo tenía decidido, la pediría una cita pero... ¿cómo y dónde?

Reflexionó, sopesó, valoró y medio decidió. Largas noches en vela chateando ante el ordenador le habían ayudado a hacerse un idea bastante completa de cómo era ella, de qué cosas le gustaban. Así, tras una ardua busca por internet, concluyó que un concierto gratuito de Pereza era una oportunidad de ganar jugando en casa. No en vano, él seguía siendo un conciertero empedernido y ella, al menos hasta donde él sabía, sentía también cierta devoción por la música en vivo, aunque no coincidieran demasiado en sus principales gustos.

Para guardarse las espaldas por si algo salía mal, animó a un par de amigos a que le acompañaran. Aceptaron encantados. Para ellos no era mal plan tomarse unas cervezas fresquitas un viernes en la noche mientras escuchas un poquito de rocanrol facilón. Mejor plan todavía curiosear y conocer por fin a esa chica de la que tanto habían oído hablar y de la que tanto desconfiaban por aquello de ser todavía 'virtual'. ¿Tendría dos piernas y dos brazos? Desde luego, se morían de ganas de confirmarlo.

En una de sus innumerables conversaciones vía messenger le propuso el plan y ella aceptó más que ilusionada, pues deseaba también desde hace mucho tiempo conocer en vivo y en directo a la persona al otro lado del cable del teléfono. Llegado el día D, un caluroso viernes de junio, la ansiedad estuvo a punto de acabar con su resistencia, pues se manifestaba de un modo mucho más salvaje del que él podía soportar, pero la ayuda de sus compañeros le ayudó a, por una vez, no ser cobarde y luchar por conseguir lo que deseaba. Lo había pasado muy mal durante demasiado tiempo por culpa de una mala mujer y sus amigos no estaban dispuestos a permitir que siguiera sufriendo gratuitamente.

Luciendo sus mejores galas nocturnas (una roída camiseta de los Cult, unos pantalones vaqueros demasiado desgastados y dados de sí, unas zapatillas negras que ahora eran grises) bajó de la Renfe en la estación de Entrevías, dispuesto a comerse el mundo, un bocadillo de gallinejas, o lo que fuera. En ese instante tuvo lugar una primera decepción, pues el ambiente no era el esperado. Preguntaron y unos peatones cualesquiera les indicaron que el recinto ferial estaba un poco lejos, de modo que animados de nuevo, se encaminaron en la dirección indicada.

Había visto un montón de fotos de ella, videos incluso, pero aún así, él le había descrito cómo iría vestido para facilitar el contacto. Mini de cerveza en mano, se dispuso a esperar a su cita, ya delante del escenario. Mucho ambiente no es que hubiera, pero confiaba en que los niños jugando al balón, los abuelos del barrio y las mamás con carricoches de bebé se apartaran de la zona de las primeras filas. Y mientras tanto, seguía solo. Un tanto angustiado ante el comienzo del concierto, se decidió a llamarla al móvil, pero nada, estaba apagado o fuera de cobertura en ese puto momento.

Anocheció y los chicos de Pereza salieron al escenario. Cumpliendo sus peores augurios, los niños jugando al balón, los abuelos del barrio y las mamás con carricoches de bebé seguían en todo el centro del espacio destinado al público, haciendo que aquello tuviera aspecto de charanga de pueblo más que de concierto de rock decente. Gracias al cielo, el volumen y la actitud chulesca, desafiante y provocativa de los líderes del combo, Rubén y Leiva, pronto les espantaron y la cosa fue tomando forma. Sí, menos mal, aquello ya era algo parecido al rock. Cerveza fría, amigos, buen clima, buen rollo, ganas de fiesta... pero sin compañía femenina.

Animales, Niña de papá, Princesas, Todo, Como lo tienes tu, Si quieres bailamos, Superyonkies, Pienso en aquella tarde, Música ligera... las canciones se sucedían casi a la misma velocidad que sus intentos de contactar con ella telefónicamente. Pero nada, que no. No había manera. Ya estaba bastante claro que se había echado atrás. Era la única explicación. Pero ¿por qué no le había avisado? ¿Por qué apagar el móvil? Después de todo entre ellos había una trabajada confianza. "Joder, ¡no tiene sentido!", pensó.

Menos mal que se había puesto en lo peor y había llevado parapeto en forma de amigos adictos al desenfreno. De hecho, ante el panorama reinante, optaron por tirar por la calle del medio y emborrachar a su frustrado amigo. Cabía la posibilidad de que el remedio fuera peor que la enfermedad, pero no podían dejarle mucho espacio para pensar. Más cerveza, más cerveza, cachondeo, viejos recuerdos, algún baile que otro. Realmente Pereza hicieron honor a su fama de grupo de directo y le ayudaron a pasarlo bien, a olvidarse de su triste realidad y a refugiarse por enésima vez en el rock. A veces pensaba que era lo único en lo que podía confiar y esa noche volvía a planteárselo.

El concierto acabó con los músicos haciendo el ganso por el escenario, pasándolo de miedo, riéndose de sus cosas y dando más caña de la esperada. No en vano, la Claudia Schiffer del rock n roll (o sea, el guitarra greñas de apoyo a Rubén, uno de esos que valen su peso en oro pero no salen en las fotos), rasgó y rasgó su Gibson Les Paul hasta la demencia. Para entonces, él ya estaba superado por la situación y había bebido mucha más cerveza de la que podía tolerar esa noche. Tambaleante, pidió a sus compañeros de fatigas que le llevaran a casa, aunque no sin antes saludar al ex alcalde de Madrid, Juan Barranco, que estaba en la caseta del PSOE ejerciendo de camarero. Que sí, que sí, que hasta le hicieron una foto. Lástima que no se la hicieron cuando incluso medió para evitar una pelea ya iniciada, pero no concretada.

Los tres llegaron a Carabanchel bastante afectados por los vapores etílicos, pero los dos comparsas todavía hicieron un esfuerzo más por no dejarle solo. Al menos uno de ellos, pues el otro decidió escapar en cuanto pudo. Caminando por las calles de siempre, por su barrio de siempre, los dos supervivientes mantenían una de esas conversaciones de madrugada de las que nadie recuerda nada a la mañana siguiente.

Intentando animarle, el amigo no dudaba en mostrarse entregado. "Tu no te preocupes, ya verás como aparece. Y si no, pues peor para ella. De todos modos, nunca habíais hablado por teléfono ni nada de eso, ¿verdad?". "No, nunca", le respondió apesadumbrado. "Tal vez, se me ocurre, no fuera una chica realmente, o al menos no tal y como tu la imaginabas y la veías en las fotos. Ese tipo de fotos se pueden conseguir fácilmente en internet, ya lo sabes". "Ya lo sé, ya lo sé, pero ella parecía conocerme tanto... tenía buena pinta. Me gustaba mucho". Venga anímate. "¿Vamos a mi casa a tomar la penúltima?". "Vamos, vamos".

Saboreando un refrescante ron con cola, pusieron uno de esos programas nocturnos en los que la gente manda sms para contactar con otros solitarios nocturnos como ellos. Fue entonces cuando vio un mensaje que decía algo así como 'llámame a este número, hoy no pude ir a nuestra cita con Pereza'. Se frotó los ojos, no podía ser. ¿Cómo podría saber ella que estaba viendo ese canal? La segunda vez que apareció el mensaje, lo apuntó y llamó raudo. Daba línea, sí. El corazón se le salía por la boca. Al otro lado del teléfono contesto una voz familiar. Giró su cabeza y allí estaba su amigo mirándole. Éste se acercó, le abrazó y le miró fijamente a los ojos. Sin dudarlo ni un instante pues supo que había llegado su momento, le besó en los labios. "Hola, ya he llegado", le dijo.


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7 comentarios:

  1. Jota78 dijo...

    Gran historia. Yo tengo una parecida, aunque con los Hombres G y final un poco más feliz. Dios bendiga internet.

  2. Diego dijo...

    Como bien sabes, un teléfono negro recogido en los alrededores del recinto estuvo en mi casa durante meses.. Grande esa noche, sí señor.

  3. Cinematic dijo...

    Buenas! A mi "Pereza" no me gusta, pero bueno, peor fue lo mío que el año pasado tuve que aguantar un concierto de "Pignoise" entero. Promocionando la web entre los descansos de cada canción. Puag. Peor que eso no puede ser xD.

    ¿No te gustará "Pignoise"... verdad? xD.

    Saludos.

  4. Ana dijo...

    Uno de los días de mas calor de mi vida, pero la noche estuvo genial. Cuando olvide mi mal humos producto del calor infernal empece a disfrutar del ambiente y fue genial. Gracias al prota de la historia por invitarme.

  5. Blue Monday dijo...

    Gracias por dejar tu comentario en mi blog. Me ha encantado el tuyo. Una muy elaborada información de los directos que presencias. Desde ahora mismo quedas añadido a mis enlaces favoritos y por supuesto me subscribo a tu feed.
    Acudiré a ti para esa información suplementaria de los conciertos. Yo creí que había ido a muchos, pero lo tuyo es demasiado, jajaja.
    Un abrazo

  6. Esther dijo...

    Veo q esta entrada tiene ya su tiempo... pero buscando cosas de Pereza la encontré ;-)

    La historia que se desarrolla de forma paralela al concierto es genial! Y el final... el final es sorprendente, jaja! No me lo esperaba! ;-D

    Güeno, me despido ya, besis!

  7. Anónimo dijo...

    ¡VIVAN LAS MADRES QUE PARIERON A RUBÉN Y A LEIVA!

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