Músicos por Chile (2010) Sala La Riviera. Madrid

Lugar: Sala La Riviera. Madrid
Fecha: 16 marzo 2010
Asistencia: 500 personas
Precio: 15 euros
Músicos: Miguel Ríos, Vetusta Morla, Los Coronas, Christina Rosenvinge, Seguridad Social, Cooper, Zenet, Trestrece, Víctor Coyote





Tenía que haber ido el lunes a Spandau Ballet. Tenía que haber ido el lunes a Spandau Ballet. Tenía que haber ido el lunes a Spandau Ballet. Y así me puedo tirar tanto tiempo como haga falta, pues en esta ocasión -como en tantas otras- tomé la decisión equivocada. Pero en fin, que las cosas son así y en lugar de ir al concierto me vi en casa haciendo de canguro de mis sobrinos mientras mis hermanos mayores sí iban y aparecían por casa a las dos de la mañana de un lunes para recoger a sus vástagos, quienes ya llevaban un buen rato tirados por el suelo de mi salón durmiendo, exhaustos. El rocanrol es así y los galkos también.

La parte buena de la elección fue ir a Cranberries y The Answer el pasado fin de semana, desde luego. Pero la parte mala fue decantarse por el concierto de Músicos por Chile un desangelado martes por la noche en lugar de arrancar la semana deleitándome con la todavía señora voz de Tony Hadley (me cuentan, exultantes, los cabronazos) y temazos como Only When You Leave. Me parecía demasiado, cuando en realidad soy plenamente consciente de que puedo con tanta noche musical seguida y las que hagan falta, hoy miércoles lo constato.

Dejándonos de monsergas ya pasadas y sobre las que nada se puede hacer, la cosa es que el rollito benéfico de anoche fue un poco fiasco. Nada más llegar, la primera en la frente con una sala medio vacía (y no medio llena, no, que va) en la que apenas habría congregadas medio millar de personas. Malo para la organización, malo para la recaudación de fondos para ayudar a reconstruir Chile tras su reciente terremoto, malo para la solidaridad madrileña puesta en entredicho, pero bueno para los que habíamos pagado los quince euritos de rigor.

Porque un concierto en el que los artistas tocan tres canciones y luego hay un parón de cinco o diez minutillos mientras se prepara el siguiente no se soporta bien entre apretujones. La forma correcta es disfrutarlo con espacio, con facilidades para pedir alguna cervecita, ir al baño, aprovechar para saludar a la mítica y poco comunicativa mujer que vende golosinas en La Riviera. No sé, esas cosas. Ambiente distendido para sacarle algo de jugo a un absurdo martes, menos mal.

Llegamos cuando Cooper arrancan su actuación y descubrimos que nos gustan en directo porque suenan muy power pop. Pero cuando te estás metiendo un poquito en la historia... ¡chin pón! Ellos se piran y se acabó lo que se daba. Mientras se prepara el siguiente nos comentan que ya han tocado Seguridad Social y, bueno, nos da un poco igual, pero a mi me apetecía ver diez minutos a José Manuel Casañ porque el tipo tiene talento. Nos tuvimos que conformar con verle pasar por la puerta de la sala rondando la medianoche al volante de su Mini Cooper (que no, no era el cantante pequeñito de los idem, no, chiste tonto de los cojones).

Seamos francos, la gente ha pagado para ver a Vetusta Morla. No todo el mundo, vale, pero sí 'la gente'. Sale Miguel Ríos, que no se ha visto ante un auditorio tan jovenzuelo en años y se marca un 'Bienvenidos' en acústico que está muy bien, porque es un clásico, y levanta manifiestamente el ánimo general. Canta también 'A pleno pulmón', que no es que sea una canción sobresaliente, pero eriza los pelillos de absolutamente todo mi cuerpo y yo me digo: "olé sus huevos". Bravo por él, hay aplausos sinceros. Se lleva a la gente de calle en diez minutos.

Llega el turno de Christina Rosenvinge y bostezo. No me gusta su languidez y no comprendo por qué ahora es tan respetada entre la modernidad. Escucho por ahí (lo juro, no soy yo) a alguien que dice que va de Carla Bruni a lo cutre. Aprovecho para contar una historia. Una noche vino Laurie Anderson, la mujer de Lou Reed, a actuar en Madrid. Su espectáculo requería de subtítulos en castellano y allí que fue nuestro amigo el Señor X con su display a colocárselos.

Aquella velada acabó con una cena a la que él también fue invitado y en la que estaba el propio Lou, aparte de más gente, como Rosenvinge. Vaya por delante que nuestro amigo el Señor X no tiene nada de glamour, claro que no, y no es digno de haber vivido tal honor. Sí se merece esta conversación, absolutamente demente y real:

- Hola, soy tu fan, dame dos besos. ¿Qué tal por Nueva York?
- Hace años que ya no vivo ahi.
- Ah, como tu último disco es en inglés.
- El último lo saqué hace dos años.
- Me gusta tú música.
- Ah, pues qué bien.

Ay jaja, la de veces que hemos reído hasta la lágrima atendiendo a este cruce de caminos vitales. ¡Pero qué tía! Conversación zanjada gloriosamente. Tristemente no hay documento gráficos que se pagarían a precio de oro negro para poder estudiar los gestos de ambos. Así las cosas, es comprensible entender nuestra tirria y por qué no nos molestamos en otorgarle a la chavala anoche ni un sucio y falso aplauso, aunque en cierto modo también es nuestra diosa por haber aplastado de una manera tan maravillosa a nuestro colega. Es una bipolaridad más complicada que la ITV del coche fantástico que zanjamos porque Vetusta Morla están saliendo el escenario y hay que prestar atención.

Tocaron sólo tres canciones que puede ser que acaben en su segundo disco, y que nos dejaron boquiabiertos, ojipláticos, y con esa desagradable sensación de cuando te prometen sexo y al final te quedas sin nada. ¡Tres canciones joder! Se trata de 'Boca en la Tierra', 'Maldita Dulzura' y otra que parece ser que se llama 'Bla bla bla', todas ellas con la intensidad marca de la casa y con posibilidades de crecimiento aún evidentes. Que lleguen a los niveles de su impecable debut es algo que es pronto para valorar.




Salen Los Coronas acto seguido y confirman que son molones que te cagas y que si sitio ideal es un festival de esos que se disfrutan a la luz del día, con gafas de sol, pasando calores y sudando rodeado de chicas en bikini. Se me hace la boca agua sólo de imaginármelo y ya me veo con una cerveza mal tirada en la mano, cabalgando a lomos de una incipiente melopea multitudinaria.

Para los últimos compases, con la sala más vacía todavía que al principio, sale un Zeque que se deja la piel, la garganta y el alma cantando, pero al que cuesta entender lo que dice, no se sabe muy bien por qué. Pero le ha puesto unos cojones de tamaño dinosáurico y pone un intenso broche final a una noche raruna en una Riviera que no había visto tan vacía en toda mi vida. De hecho, en un par de minutos ya estábamos casi solos en mitad del lugar, que en silencio y en penumbra nos invitaba a marcharnos sigilosos a reflexionar. O a tomar una fanta de naranja, que todavía es temprano. Va, por Chile.





Comentarios

  1. La verdad es que fue un chusta el concierto, estaremos mal acostumbrados ya...

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  2. Yo me esperaba algo así, 3 o 4 canciones por grupo y a tirar.
    Lo bueno fue ver que los vetustos tienen material, y del bueno, para su segundo disco.

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  3. Gran crónica. Es difícil escribir bien cuando lo que has visto no te inspira... Y Christina es tremenda, sí. Habría que preguntarse dónde estaría ahora si, en lugar de tener la imagen que tiene, tuviera la de, pongamos, Rosana...

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