Escucha el robusto nuevo disco de Bunbury: 'Expectativas'

Desde las doce de esta medianoche Bunbury está oficialmente de vuelta con Expectativas, el noveno disco de una trayectoria solista que acumula ya veinte años de inquieto tránsito.

Expectativas es la continuación de aquel Palosanto de 2013 en el que Enrique manifestaba su esperanza ante la posibilidad de un cambio y una revolución que se han quedado en prácticamente nada.

Con ese tono de chasco arranca el álbum con todo el poderío arrollador de La ceremonia de la confusión, a la que siguen La actitud correcta, Cuna de Caín, En bandeja de plata, Parecemos tontos, Lugares comunes frases hechas, Bartleby, Mi libertad, La constante y la esplendorosa Supongo.

Un viaje a través de once nuevos temas que empieza en el desengaño absoluto ante este mundo en el que nos ha tocado jugar, pero termina encontrando ciertas grietas de luminosidad y esperanza. "Nada lo sé de cierto, todo lo sé de supongo".

Expectativas, un álbum de rock robusto que suena absolutamente contemporáneo gracias a la pe…

Emir Kusturica & The No Smoking Orchestra (2010) Matadero. Madrid

Lugar: Explanada anexa al Matadero
Fecha: 14 mayo 2010
Asistencia: 5.000 personas
Artistas Invitados: Chico Ocaña, Jac et le Takeifa, Chop Suey Quartet
Precio: gratis

Músicos: Nelle Karajlic (vocalista), Emir Kusturica (guitarra rítmica), Stribor Kusturica (baterista), Zoran Marjanovic (percusiones), Dejan 'Leopold' Saparavalo (violín), Glava Markovski (bajista), Drazen Jankovic (teclista), Zoki Milosevic (acordeón), Nesa Petrovic (saxofón), Goran Popovic (tuba), Ivica Maskimovic (guitarras)



Tengo amigos a los que, de verdad, no sé porque les sigo hablando. Empezando por el que acaba de preguntarme si Emir Kusturica no estaba muerto, pasando por el que creía que Bob Dylan era negro, y terminando por la que confundió a Bono con Bruce Springsteen en la portada de una revista que tenía yo por casa. ¡En mi puta casa, a escasos dos metros de las reediciones deluxe del Born to Run y el Joshua Tree, maldita sea hasta el fin de los días! Tengo un revólver en mis manos con una única bala de plata y he de decidir a quien endosársela, pero luego me doy cuenta de que en realidad son unos desgraciados y les perdono con toda la condescendencia de la que soy capaz de hacer gala desde mi superioridad moral.

Pero vamos al lío. Es viernes aún más festivo de lo normal y hay que celebrarlo con urgencia. Unos porque se han pasado toda la semana hasta arriba de curro, otros porque necesitan escapar de quien sabe qué, otros porque no conocen otra forma de vida... y Legazpi es un lugar tan bueno como otro cualquiera para empezar la velada de combates entre legendarios pesos pesados. Un poquito de cola para entrar al recinto pues la cosa es gratis, y luego ya otra cola más seria de más de media hora para poder pedir todos los tickets de bebida que, así a ojo, calculamos que vamos a consumir -el gratis total no existe, por cierto-. Es milagroso pero por una vez no nos quedamos cortos.

El lugar es un descampado inóspito al lado del río Manzanares, todavía semidestruido, con un puntito blade runner que le da cierta gracia, pero en el que hace un frío de pelotas. Mucho mucho frío y encima se pone a llover a las diez en punto. Chico Ocaña y su hija Natalia Sáhara (que sólo estuvo en nombre) tuvieron suerte y no se mojaron, pero los paraguas desfilaron justo cuando la No Smoking Orchestra debía salir a las tablas. Fue sólo un amago que, total, a la peña le dio absolutamente igual porque, eh, coño, que es un viernes de San Isidro más. Nadie daba un duro porque sumáramos uno más a nuestra cuenta pero aquí estamos de nuevo.

Y en estas estamos cuando me doy cuenta, por iluminación mariana, de que si Gica Hagi era el Maradona de los Cárpatos, la No Smoking Orchestra es la E Street Band del medievo antes si quiera de que existiera el rock, antes de que se descubriera que la música podía electrificarse. Matizo un poco mis impresiones cuando atacan los acordes del Smoke on the Water de los Deep Purple, algo que todo hijo de vecino recibe con algarabía a pesar de que este no es ni mucho menos un público rockero. Pero hasta los que están haciendo malabares al fondo del lugar paran un momento y sacan brillo a sus air guitars. Mágicas son las cuerdas de Richie Blackmore.

Sólo desde el talento desbocado se puede explicar que todo suene bien, que todo funcione a pesar de que haya momentos durante los que es obvio que los de Emir se van de baretas y desconocen a qué coño están jugando, a pesar de que en determinados instantes se haga evidente que están huyendo hacia adelante dentro de una maraña de sonidos aparentemente inconexos. Simplemente no pueden parar y confían en que su corazón y su intución musical les saquen a hombros por la puerta grande. Pero lo tienen claro, sólo hacia adelante, nunca detenerse, nunca es suficiente, la gente quiere eso y más.

Mientras tanto, la gente suda, la gente bota sin parar como gremlins pasada la medianoche, la gente balbucea unas letras que no se sabe, pero la gente se toca, se contagia, se sonríe, se sabe de fiesta y, por tanto, festeja. No ya porque sea San Isidro, algo que, seamos sinceros, importa más bien poco a las nuevas generaciones que incluso pueden llegar a desconocer donde está su ermita y qué diantres le convirtió en santo, sino porque la música ratonera que llegó del frío ex comunista se les ha metido por los talones de aquiles y les sale por las orejas en forma de toro embolao centelleante.




Gran culpa de la energía generada la tuvo el amigo Nelle, el cantante disfrazado de SúperF que no para un segundo de moverse, de levantar los brazos, de enervar al respetable y de reclamarle que grite 'fuck MTV' justo en el día en que se conoce que este canal musical comenzará a emitir gratis en junio a través de la TDT. Curioso cuanto menos. Junto a él, una banda de lo más versátil capaz de sacar música de cualquier cosa y de sonar verbenera, pachanguera, gitanaca, skatalítika, rockera... cualquier cosa con tal de sonar urgentes como un pitbull terrier.

Puede que esté lloviendo, no lo sé, eso ya da igual, pasó a ser algo secundario desde el instante mismo en el que la música llegó. Se acabaron abruptamente las conversaciones sobre nubes negras y se transformaron en el imposible "voy un momento a la barra no os movais". Hay que tener muchas pelotas para no moverse en un concierto que lleva implícito precisamente el movimiento como justificación vital. Puedes acompasar la música con los pies como un dandy, puedes correr en círculos, puedes saltar, pues poguear, puedes hacer cualquier cosa menos mirar con indiferencia. ¡Me chivo a los seguratas de la puerta y te tiramos al río!

Pasan apenas noventa minutos y un rácano bis. Esto se ha acabado y sólo queda hacer recuento de daños personales y/o materiales. Los móviles echan humo intentando reunificar los grupúsculos que la No Smoking Orchestra ha hecho saltar en pedazos y el único destino claro son Las Vistillas. Da igual que haga frío, que llueva, que caigan chuzos de punta o que no sientas las piernas, en esta ciudad está prohibido desfallecer ni si quiera con certificado médico. Es que es así, cojones, o acaso no has entendido nada. Pues muy clarito te lo han dejado los del escenario. ¡Viva San Isidro o lo que sea!

Comentarios

  1. Me comentó una amiga que tocaba una vez más Kusturica en Madrid... y una vez más me lo tuve que perder por no estar allí. Cuento con que se pasa por la capital prácticamente todos los años (e incluso algunos repite), así que intentaré ir a verlo la próxima vez.

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  2. Are you agreed?? FUCK YOU MTV!!! Qué grandes son la ostia!

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  3. Hay que ser muy hombre para ponerse ese traje azul, caramba...

    Yo también me lo perdí, entre otras cosas porque no lo anunciaron con tiempo. Pero como dice Milhaud, habrá más oportunidades.

    Ah, y la bala es para el que confunde a Bono con Bruce, está claro: ¡uno come Bollicaos y el otro hace flexiones, coño!

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  4. Que mal escribes, tio. No hay quien se entere de lo que estas describiendo.

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  5. Y el sábado, en la redacción, alguien me preguntó si había estado en el gallardismo. Siento habérmelo perdido... Estás empezando a ser una marca, un estilo. No sé si es bueno.
    Pepín

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  6. Yo estuve allí y fue la hostia

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