Vídeos de conciertos: Roger Waters el 24 de mayo de 2018 en el WiZink Center de Madrid

No era yo muy de Pink Floyd de crío. Ahora ningún crío es de Pink Floyd, pero en su día yo andaba en el cruce de caminos de si Pink Floyd o Bruce Springsteen. Los primeros por mi hermano mayor y el segundo por su desde hace ya mucho ex. Me decanté por la ex, soy así de fulano. Pero fue solo al principio.

Me costó pero finalmente entré machete en boca en todo el rollito y, joder, qué bien. De hecho, hace poco escuchaba una noche a altas horas 'La espuma de Venus' de Héroes del Silencio y no pude por menos que escribir a mi susodicho elder brother y decirle: "Hostias tú, Juan Valdivia es David Gilmour". Nos reímos mucho. También estuvimos en la exposición del grupo en IFEMA que, la verdad, nos moló mucho.

Ya que no hay Pink Floyd, a Roger Waters le he visto dos veces: en 2011 y 2018. Ciertamente es impresionante lo de este pavo. Es probable que Pink Floyd (¿cuántas veces he escrito ya este nombre en ocho líneas?) sean más grandes que la vida, sí. De hecho, ante la duda,…

Buckcherry + Skid Row (2014) Sala Shôko. Madrid

Lugar: Sala Shoko. Madrid
Fecha: 18 junio 2014
Asistencia: 700 personas
Artistas Invitados: Skid Row, Buffalo Soldier
Precio: 30 euros

En una noche aciaga para los futboleros, como de costumbre el hard rock aconteció para redimir nuestras almas. Por enésima vez la música nos salvó la vida, así como si no nos diéramos cuenta, en una contundente velada calentada por Skid Row y remachada con incisivo machete por Buckcherry, posiblemente la mejor banda de hard rock del planeta actualmente.

Así que empecemos por el final, con la macarrada descarada, desafiante y drogata de Buckcherry, con un cancionero lúbrico y sudoroso liderado por un vocalista que es la reencarnación a mala hostia de Mick Jagger. Con más tatuajes, más fibra, diríase que el carismático Josh Todd está continuamente pensando cosas horribles en su pelirroja cabeza, generando una suerte de pulsión que ayuda a canalizar toda su rabia interior.

El recital arranca con esa epopeya farlopera que es 'Lit Up' al mismo tiempo que los dichosos móviles nos confirman que elegimos más que bien al arrinconar al patriotismo futbolero por una vez. Con Buckcherry estamos a salvo de sentimientos negativos gracias a pildorazos adrenalíticos como 'Rescue Me', 'All Night Long' y 'Everything'. La noche está canalizada y trota sin frenos, contundente hacia la eclosión definitiva.

El rock angelino está más vivo gracias a la propuesta camorrista, bravucona y casi proxeneta de unos Buckcherry que no dejan títere con cabeza en 'Dirty mind', 'Next to you', 'Gluttony' (el single de 'Confessions', su disco del pasado año que están presentando en esta gira) y su gran éxito 'Crazy Bitch', puta loca según se encarga de traducir Josh Todd por si alguien tenía alguna duda.



Tras berrear eso de "you're crazy but I like the way you fuck me" hay un descanso antes del bis final, una versión ruidosamente funky del 'I like it' de Icona Pop que genera división de opiniones entre el respetable, incluso con algún individuo mostrando sus pulgares hacia abajo en las primeras filas. Pero en realidad fue una manera original, valiente y de nuevo desafiante de cerrar un concierto de rock de la vieja escuela con denominación de origen en los antros de Los Angeles.

Antes que Buckcherry habían tomado el escenario unos Skid Row venidos a menos pero aún todavía profundamente solventes gracias a los tres miembros originales que siguen en la banda (los guitarristas Scotti Hill y Dave Sabo y el bajista Rachel Bolan), así como al buen hacer del vocalista Johnny Solinger, quien recuerda poderosamente al Axl Rose de los garitos mugrientos del Strip de Hollwood.

Aunque hace ya más de 15 años que el cantante Sebastian Bach abandonó a la banda, las comparaciones son inevitables entre la parroquia, que da su beneplácito con cualquier caso a la labor de Solinger. La banda se lo pasó bien y el público lo dio todo esencialmente con clásicos como 'In a darkened room', 'I remember you', 'Monkey Business', 'Slave to the grind' y 'Youth gone wild', todos ellos coreados con la mano en el pecho, el puño en alto y la emoción del paso del tiempo en la garganta. De eso iba todo esto.


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