Encuesta: Lo llaman 'música en televisión' y no lo es. ¿Qué apesta mazo más?

Lo llaman 'música en televisión' y no lo es. De hecho, es cualquier cosa menos eso, pues cacareando su amor a esa música, en realidad la atacan, la maltratan, la devalúan. La convierten en chusco espectáculo y en una triste competición de usar y tirar. 

Unos juegan con emoción fingida, otros reivindican falsamente el talento anónimo, los últimos se adentran en el burdo universo de la imitación fulera. El anteriormente conocido como canal musical, parece estar retransmitiendo la implosión de occidente en mute.

Básicamente todos son un coñazo y están dirigidos a un público que, aunque habla igualmente con la boca ancha de su amor por la música, en realidad pasa de ella. Aborregamiento, superficialidad y todo bien mascadito para el consumo fugaz.

En fin, una porquería dañina. Pero doy por hecho que esto lo tenemos claro todos los que por aquí pasamos. Así que sencillamente propongo un jueguecito dominical para ordenar la atrocidad: ¿Qué apesta mazo más? Y no, a los cuatro no puedes …

Kiss (2015) BarclayCard Center. Madrid

Lugar: BarclayCard Center. Madrid
Fecha: 22 junio 2015
Asistencia: 15.000 personas
Precio: Desde 73 euros
Artistas Invitados: The Dead Daisies

El pirómano circo del rock n' roll

Coño, pues son de verdad. No recuerdo el momento exacto en el que Kiss entraron en mi vida, pero uno tiene la extraña sensación de que siempre estuvieron ahí, pues desde la primera vez que los viste, pintarrajeados como delirantes personajes de tebeo imposible, nunca los olvidaste. Y coño, pues son de verdad. Y si el circo viene a tu cuidad, tú vas al circo. "You wanted the best, you got the best! The hottest band in the world, Kiiiisss!!".

Es una pérdida de tiempo reflexionar ahora mismo sobre Kiss como concepto, pues ya se sabe que es difícil cambiar a la gente mayor. Por eso lo aconsejable es aceptar sin fisuras la propuesta y arrojarse a los brazos del auténtico circo del rock n' roll. Porque si hablamos de eso, de circo, Kiss son los reyes indiscutibles por encima de otros mastodontes como puedan ser AC/DC o Rolling Stones. Y eso es precisamente lo que les hace originales, personalísimos y únicos, junto a un cancionero, eh, repleto de clásicos.

Por eso se palpa cierta excitación en los aledaños del BarclayCard Center con los bares invadidos por miles de camisetas negras pertinentemente roídas por el paso del tiempo y desempolvadas para la ocasión. Hay también centenares de rostros pintados, unos con más pericia que otros, pero todos entregados a la cuestión con desparpajo y despiporre, en sintonía con lo que nos espera a todos a partir de la hora señalada.

Y así es como se cae el telón y atronan Kiss entrando con todo con 'Detroit rock city', y se alza ante ellos un mar de teléfonos móviles aún más poblado que de costumbre, pues todos quieren captar los 17 centímetros de lengua de Gene Simmons (quien no para de mostrarla para jolgorio del gentío). 'Deuce', 'Psycho Circus' y 'Creatures of the night' mantienen el nivel de adrenalina en constante subidón mientras se suceden las explosiones pirotécnicas, algunas incluso a destiempo y tapando a la música. ¿Pero qué más da? Esto es un todo que hay que paladear sin masticar. Con 100 explosiones en cuatro canciones, la vida puede ser maravillosa. Pim pam pum, quemando pólvora a tope.



Si es la primera vez que ves a Kiss en vivo, como es mi caso, todo resulta divertido y efectivo, como un gran parque temático del rock excesivo y fiestero. Con esas botas de plataforma, esos ropajes icónicos pero un tanto ridículos, los gestos constantes al público (muy generosos en esto) y los comentarios repletos de clichés de Paul Stanley adorando Madrid en la mejor noche de nuestras vidas. Vale, ya tenemos una edad, sabemos que es un discurso repetido cada concierto, pero todos nos lo creemos y le vitoreamos. Y aullamos aún más cuando le da por cantar 'currucucú paloma" chapurreando castellano en quizás el único momento genuinamente irrepetible de la velada.

No hay que pensar erróneamente, en cualquier caso, que las canciones no son lo más importante. Puede que el espectáculo sea un teatro que funciona por sí mismo, pero la música es la que late en temas como 'I love it loud', 'War machine' (con Gene escupiendo fuego), 'Do you love me', 'Hell or hallelujah' (con solo de guitarra de Tommy Thayer), 'Calling Dr Love' y ese 'Lick it up' brutalmente coreado, con Paul y Tommy afilando sus guitarras desde una gran plataforma que se eleva un buen puñado de metros sobre el escenario principal mientras les rodean unos lásers de colores un tanto vintage.

Tras el baño de masas de los guitarristas llega el turno del bajista, con Gene Simmons escupiendo sangre y volando hasta lo más alto del escenario durante el solo que da paso a ese temón (¿el más claramente heavy de Kiss?) que es 'God of thunder'. Una representación teatral que no por esperada y conocida resulta menos gloriosa, pues con 15.000 personas jaleando y aullando la sensación se amplifica hasta niveles en los que el raciocinio es lo de menos. Y Gene, a sus 65 años, vuela muy rápido y yo personalmente creo que me cagaría de miedo.

De nuevo con los pies en la tierra, turno para esa 'Cold Gin' que pasa sin pena ni gloria antes de 'Love Gun' (la mejor canción de Kiss en mi humilde opinión de hoy, que mañana puede cambiar), con Paul Stanley (63 años) esta vez volando sobre el público con una tirolina que le lleva hasta el fondo de la pista, donde sobre una plataforma se contonea grácilmente interpretando a la perfección su rol de estrella jovial en un baño de masas sin duda rejuvenecedor.



El tramo final roza ya la catársis con 'Black diamond' antes de unos bises en los que hay más plataformas y más explosiones, confeti constante revoloteando nuestras cabezas en un mar de cuernos mientras suena 'Shout it out loud'. La discoteca es ya infinita con el karaoke descontrolado de 'I was made for loving you' (el falsete comunal ayuda a que no se aprecie que la voz de Paul flaquea alarmantemente), antes del remache final con 'Rock and roll all nite' y el escenario a pleno rendimiento luchando por salirse literalmente del pabellón.

Con recobrada ilusión infantil la gente aplaude para despedir a una banda que, es verdad, lleva años haciendo lo mismo, pero que ofrece un espectáculo divertido (y autoparódico) en el que lo importante es olvidarse de todo y dejar volar las sensaciones como si fuéramos unos críos. Por eso todavía hay tiempo para corretear fuera del pabellón al ver a los músicos salir y montarse en las furgonetas mientras son aclamados como héroes del rock. En albornoz y chanclas, pero héroes después de todo. Y pirómanos.

Comentarios