Escucha el robusto nuevo disco de Bunbury: 'Expectativas'

Desde las doce de esta medianoche Bunbury está oficialmente de vuelta con Expectativas, el noveno disco de una trayectoria solista que acumula ya veinte años de inquieto tránsito.

Expectativas es la continuación de aquel Palosanto de 2013 en el que Enrique manifestaba su esperanza ante la posibilidad de un cambio y una revolución que se han quedado en prácticamente nada.

Con ese tono de chasco arranca el álbum con todo el poderío arrollador de La ceremonia de la confusión, a la que siguen La actitud correcta, Cuna de Caín, En bandeja de plata, Parecemos tontos, Lugares comunes frases hechas, Bartleby, Mi libertad, La constante y la esplendorosa Supongo.

Un viaje a través de once nuevos temas que empieza en el desengaño absoluto ante este mundo en el que nos ha tocado jugar, pero termina encontrando ciertas grietas de luminosidad y esperanza. "Nada lo sé de cierto, todo lo sé de supongo".

Expectativas, un álbum de rock robusto que suena absolutamente contemporáneo gracias a la pe…

Izal (2017) WiZink Center. Madrid

Lugar: WiZink Center. Madrid
Fecha: 25 febrero 2016
Asistencia: 16.000 personas
Artistas Invitados: Modelo de Respuesta Polar
Precio: -

Rompiendo las costuras de la nación indie

Recuerdo bastante bien la primera vez que supe de Izal porque ya desde ese iniciático momento mi interlocutora me anunció que tenían muchas esperanzas puestas en el grupo y que pensaban que, estos sí, podrían ser 'the next big thing'. Es en realidad práctica habitual a la hora de 'vender' un grupo a la prensa destacar todo su potencial, pero tristemente también es relativamente habitual que las expectativas se queden a medio camino. O muy lejos. A veces incluso se evaporan y nadie saber explicar por qué, con lo bien que pintaba todo.

Pero es que esto de la vida no es una ciencia exacta. Es algo que tiene más que ver, como bien saben la banda madrileña y los suyos, con cuestiones de magia y efectos especiales. Y con hacer canciones que gusten, que conecten, que generen emociones. Y con saber defenderlas con la vehemencia de quien no tiene nada que perder. Así es como Izal han quemado todas las fases del crecimiento normal de un grupo, pasando de una a otra a toda velocidad mientras sus colegas solo podían apartarse para dejarles paso y, si eso, aferrarse un poco a su estela.

Porque en realidad, el quinteto ha hecho lo mismo que los demás, pero obteniendo muchos más jugosos resultados. Han tocado en todas las salas que hay que tocar para ir haciendo músculo, raptando seguidores. En la capital, llenaron todo tipo de garitos antes de reventar Joy Eslava, preludio necesario para atreverse con una Riviera que pronto se quedó pequeña. Eso les animó a su vez a lanzarse al Palacio de Deportes cuando aún era BarclayCard Center y meter a 12.000 fans en abril de 2015.

Era cuestión de tiempo que volvieran al lugar de los hechos (después de reventar tres veces el Circo Price en enero de 2016) para, ahora sí, rematar la faena y llenar el pabellón hasta la bandera con 16.000 acólitos exorbitantemente entregados. Han pasado menos de dos años desde su anterior acometida, pero el crecimiento de Izal es evidente gracias a su última obra, 'Copacabana', que ya han paseado por todos los festivales habidos y por haber siempre como gran reclamo. Gracias a sus canciones, por tanto. Que tienen recelosos detractores, pues claro, pero también fanáticos irrefrenables.

Y así nos plantamos en las 22 horsa del sábado 25 de febrero de 2017, en el momento exacto en el que se apagan las luces del ahora renombrado WiZink Center y empieza el festival de chillidos y el karaoke del fin del mundo. El recinto vive básicamente una de esas noches de desmadre en las que el público, en este caso bastante más variopinto de lo que cabría esperar (ni mucho menos es una cuestión tribal, solo de indies, así no se junta a tanta gente en realidad), lo da todo con todos sus pulmones coreando cada sílaba que sale desde el micrófono de Mikel Izal.



FOTO: WIZINK CENTER

Y bastan 'Despedida', 'Hambre' y 'Agujeros de gusano' para constatar que el grupo crece de concierto a concierto, tanto en tirón popular como en capacidad musical. Más maduros, mucho más hechos a base de carretera, el quinteto sabe perfectamente lo que tiene entre manos y disfruta con solvencia de su estatus de abanderados del indie patrio y algo más. Porque definitivamente el reino de Izal ya no es del mundo indie, es otra cosa. Es otro peldaño más arriba y por eso atrae a todo tipo de seguidores, no solo los del nicho más predecible.

Son en total un par de horas de recital, durante las cuales el quinteto repasa lo más granado de su repertorio, manteniendo siempre bien arriba el nivel de excitación de los parroquianos, con la aparición de Jorge Drexler en 'La piedra invisible' y Alberto y Derek Harrison de Miss Caffeina para 'La mujer de verde'. Fueron esos dos momentos que ayudaron a que la velada saliera de su recorrido relativamente lineal, pues quizás sea ese uno de los argumentos más acertados que suelen esgrimir los que no terminan de ver claro el éxito de Izal (y que importa tan poco como una mierda a los que el domingo se levantarán afónicos tras esta noche de tanto cántico tribal).



Pero lo cierto es que a estas alturas cuentan ya con un buen puñado de himnos como 'Los seres que me llenan', la muy vetusta 'Pequeña gran revolución' (¿dónde estarían Izal sin los caminos abiertos por los morla?), 'Conclusión en do', 'Págino práctico' o 'Copacabana'. El sonido es contundente, el lugar es una pista de baile infinita y hay incluso tiempo para estrenar un nuevo tema que, sorprendentemente, también es coreado como si tal cosa, llegando hasta el punto de llamar la atención del propio grupo. "Así se vive un concierto, cantándote hasta lo que no te sabes. Bravo por esa gente que se inventa las cosas", bramó el vocalista.

Para el tramo final, una triada certera que sube aún más la temperatura, el ambiente de celebración del público y la casi incredulidad de los músicos. 'Qué bien', 'Magia y efectos especiales' y 'El baile' suponen la traca final para una velada de éxito que supone, además, un nuevo gran paso en la masificación de la música independiente. Ese es otro debate y ya veremos cómo está la cuestión cuando Izal regresen en 2018, pues hasta entonces se van a retirar a pensar en sus siguientes pasos al tiempo que visitan nuevos territorios por conquistar. Pero es hablar de futuro, y lo bueno para Izal es que tienen mucho presente que disfrutar.



FOTO: Wilma Lorenzo

Comentarios

  1. ¿ninguna alusión a Steve Vai? ¡qué decepción!

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