El desafío a cara o cruz de KITAI: 24 horas tocando por un Récord Guinness

KITAI no es una banda de rock, es una forma de sentir la vida en permanente lucha contra uno mismo. KITAI no es un grupo de rock, es un estado de ánimo que te lleva a explorar tus propios límites. Al mismo tiempo, KITAI es, efectivamente, un cuarteto madrileño de rock que va a establecer un Récord Guinness pasando su crucial rubicón.

Pero retrocedamos un poco hasta finales del mes de junio, cuando la banda tocó más de seis horas cada día para recibir a los asistentes de la última edición del Download Festival Madrid. Nada más acceder al recinto, KITAI estuvo ahí, perpetua y sudorosa en las tardes de cada una de las tres jornadas, provocando curiosidad y adhesión con temas propios y clásicos del rock.

Haciendo caso omiso de las leyes más elementales de la fatiga física, el tercer día recogieron sus bártulos y se fueron pitando hasta Puebla de Sanabria (Zamora) para pasar la noche de la única manera que conciben, esto es, tocando sobre un escenario. Y fue en ese trayecto cuando alguien co…

Kiss + Megadeth (2018) WiZink Center. Madrid



Concierto: Kiss + Megadeth
Fecha: 8 de julio de 2018
Lugar: WiZink Center. Madrid
Asistencia: 12.000 personas

Había una vez un circo

Cuando yo era canijo a los niños nos llevaban al circo. Ahora los papás llevan a sus hijos a ver a Kiss. Lo cual, todo sea dicho, tiene todo el sentido del mundo, pues estamos ante el auténtico circo del rocanrol. Con sus pintas, sus maquillajes, su escenografía, su pirotecnia, su confeti, sus plataformas, si tirolina y 'el feo que vuela'. Un espectáculo ya conocido y habitual que sigue siendo tan disfrutable como de costumbre, apuntalado además por una quincena de himnos que también funcionarían sin todo esto, pero que así molan más porque van a más.

Un mar de camisetas de Kiss con unos 12.000 fans congregados en un WiZink Center no lleno pero sí con una buena entrada -solo las gradas más altas vacías-, predispuestos a pasar un domingo en absoluto rutinario. Los más osados se pintan la cara como alguno de los miembros del grupo comandado desde 1973 por los originales Gene Simmons (voz y bajo) y Paul Stanley (voz y guitarra), a quienes se suman desde hace años los ya más que asentados Tommy Thayer (guitarra) y Eric Singer (batería). Hay mucha parafernalia y cierta ceremonia en todo esto de ser de la Kiss Army. Una militancia que los padres quieren transmitir a sus vástagos y, oye, siempre está guay ver a los críos fliparlo con las cosas que llenan a sus progenitores.

Ese valor también lo tienen Kiss, quienes por cierto este año solo dan cinco conciertos, cuatro de ellos en España y otro en Lisboa (se cuenta que el grupo no tenía previsto hacer nada, pero cuando Iron Maiden se lanzaron a intentar llenar el Wanda el 14 de julio trastocaron los planes de los promotores españoles que les tenían apalabrados para varios festis, que luego se vieron obligados a tirar de Simmons y compañía a golpe de talonario... una buena pasta para estas fechas exclusivas, sin duda). Al final es una noche de rock para todas las edades con una de las bandas esenciales de la historia de la música. Básicamente eso, que es mucho.

A pesar de que la maquinaria podría no estar perfectamente engrasada ante la falta de kilometraje, lo cierto es que Kiss siguen sonando como un tiro, con Singer aporreando de lo lindo y Thayer sobrado en la guitarra. La mayor parte de la atención se la llevan, claro, Gene Simmons con sus poses y su bajo atronador y Paul Stanley entregado como de costumbre a su faceta de rockstar arengando a la parroquia (incluso con frases en español). Y de primeras entran con la quinta marcha con Deuce, Shout it out loud, War machine, Firehouse, Shock me, Say yeah, I love it loud, Flaming youth, Calling Dr Love...









Buen sonido, ambiente festivo, rock de alto octanaje, karaoke ochentero con Lick it up, Gene Simmons ('el feo que vuela' según mis críos) por los aires escupiendo sangre con la portentosa God of Thunder, discoteca infinita con I was made for loving you, Paul Stanley cruzando el pabellón en tirolina en la épica Love gun y cierre con toda la fuerza de Black Diamond. Esto es puro Kiss, un grupo que hace mucho tiempo que va a piñón fijo porque todo lo que tuvo que inventar ya lo inventó hace varias décadas. Y el resultado sigue resultando efectivo, de manera que quienes ya les han visto vuelven a disfrutar con facilidad y los que debutan básicamente quedan ganados para la causa.

Escondidos bajo su maquillaje, Kiss juegan con el don de poder detener el tiempo. Aparentemente no envejecen y siguen colgándose de cuerdas para volar sobre el público. Suenan compactos y, bueno, la parte vocal es la que más se resiente, pero para eso está el público, que pone de su parte cantando y aullando. Y aúlla mucho en la traca final con Detroit rock city y la coreadísima Rock and roll all nite, que dispara cañonazos de confeti en medio de la algarabía generalizada. El público satisfecho tira para casa y los músicos triunfantes se retiran a sus aposentos. Llevan mucho tiempo haciendo básicamente lo mismo y así seguirán ya para el resto de sus días. La fórmula es conocida pero también ganadora, de manera que no tiene demasiado sentido cambiarla. Es la vieja escuela. Kiss son Kiss. Un buen morreo bien pegao.

PD: Y ya que estamos, os dejo por aquí mi entrevista en Europa Press a Gene Simmons hace unos días.




Teloneros de lujo, por cierto, en forma de Megadeth. Los de Dave Mustaine no tuvieron demasiado tiempo y encima hubo un problema en el traslado del equipo de Kiss que motivó que las puertas se abrieran más tarde y se trastocaran ligeramente los horarios. Pero en su set volvieron a lanzar tralla metalera de la buena con Hangar 18, The threat is real, The conjuring, My last words, Tornado of souls o Dystopia. Siempre un placer ver al bajista Dave Ellefson, bien respaldado en la actual formación del grupo por Kiko Loureiro y Dirk Verbeuren. El cuarteto remató su faena con Symphony of destruction, Peace sells y Holy wars... The punishment due. Avalancha de metal y ovación cerrada.

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