Los diez discos de mi vida

A puto pelo

U2: ACHTUNG BABY (1991)
Porque lo tiene todo. Actitud, pose, enigma, cuero, vinilo e intensidad. El amor es ciego, La Mosca, The Edge. La correspondiente gira la vi cada tarde a la vuelta del instituto durante una temporada tan larga que comprendí que mi padre, recién jubilado a mi vera siempre en el salón, estaba haciendo el mayor acto de generosidad imaginable. A día de hoy, con 88 palos recién cumplidos, le preguntáis por U2 y lo niega todo por pura protección para que todo aquel disparate que era el ZOO TV no regrese. El puto 'Achtung' es la vida entera para nosotros.




PEARL JAM: TEN (1991)
Constato que este disco salió en agosto de 1991 -poco antes del 'Achtung'-. Vale, entonces todo cuadra. Poco después, en septiembre de ese mismo año, celebramos el cumple de mi padre -60 entonces- por el centro y luego fuimos a Madrid Rock. El 'Ten' de Pearl Jam fue mi primer vinilo comprado y lo tengo aquí delante, lo admiro y me habla. Me dice cosas no tan raras…

Mad Cool: De 80.000 personas por día en 2018 a 40.000 en 2019



Es un tema recurrentemente comentado desde que el cartel empezó a coger forma: Este año faltaban grandes nombres. No es solo algo que afecte a Mad Cool, eso también es verdad, sino que es un mal generalizado en todas partes.

En los últimos años los festivales han contado con grandísimos nombres y resulta imposible mantener el nivel. Sin ir más lejos, en 2018, Mad Cool pasó de un recinto de 40.000 personas en La Caja Mágica al actual de IFEMA-Valdebebas con 80.000 y se quedó hasta pequeño.

Porque el pasado año, en su tercera edición, el festival madrileño tuvo a Pearl Jam, Depeche Mode, Nine Inch Nails, Queens of the Stone Age, Arctic Monkeys, Jack White, Franz Ferdinand, Kasabian, Tame Impala... y así podemos seguir porque la cosa fue muy seria.

En 2019 cambia tanto el panorama que ahí está por ejemplo Bon Iver como cabeza de cartel del jueves. Que esto es una opinión muy personal mía, pero creo que el bueno de Justin Vernon, líder del proyecto, debe estar flipando un poquito con su condición de liderazgo (a mí es que no me va, lo confieso).

Luego están The Cure y The Smashing Pumpkins, que sí creo que mantienen el tipo. Y The National y los héroes locales Vetusta Morla -que tendrían que haber sido cabezas en lugar de Bon Iver por derecho-. Pero incluso Vampire Weekend y Prophets of Rage se quedan un poquito cortos como grandes reclamos que puedan atraer a decenas de miles de personas. Vamos, que no.

Definitivamente, este año la cosa está malita y no hay tantas grandes bandas de relumbrón a las que tirar la caña. Eso, junto a la proliferación de festivales veraniegos -coincidiendo este fin de semana el Mad Cool, Bilbao BBK Live y el cancelado Doctor Music-, hace que el personal no se anime como en otros años. Y también está ahí el NOS Alive de Lisboa para repartir más público peninsular.

Así que nada, de la misma manera que el reciente Download quedó lejos de las 35.000 personas por jornada de 2018 -esta vez fue, según la organización, 22.000, 23.000 y 25.000-, Mad Cool no tiene más remedio que afrontar la bajada de asistentes, detalle importante que indudablemente se ve reflejado en cuestiones como que solo haya parking VIP, que la línea 8 de Metro no abra toda la noche y que no haya lanzaderas de bus a Colón y sean solo a Plaza de Castilla.

La previsión de asistencia la ha dado el Ayuntamiento de Madrid, a través de las áreas de Medio Ambiente y Movilidad, y de Portavoz, Seguridad y Emergencias. Porque para este tipo de eventos, los organizadores tienen que dar una estimación de asistentes y a partir de ahí el consistorio diseña el Plan de movilidad y seguridad más adecuado.

Es en la web del Ayuntamiento de Madrid, donde se especifica este plan de movilidad y seguridad, donde quedan reflejadas las cifras a las que nos referimos. Textualmente: "Durante su celebración está prevista la asistencia de alrededor de 145.000 personas (25.000 personas, el primer día, y 40.000 personas cada uno de los demás días de celebración)".

De manera que, aún teniendo en cuenta que la asistencia puede variar, Mad Cool pasa de congregar a 240.000 personas en tres jornadas en 2018 a reunir a 145.000 en cuatro jornadas. Siendo además el dato más llamativo ese de 40.000 personas por día donde el año pasado se llegó hasta 80.000. La mitad. Unas cifras que serían fenomenales para cualquiera, pero que en términos comparativos para el propio festival traen a la mente una frase típica: "Mad Cool, tenemos un problema".




Los recortes en las opciones de movilidad de transporte público de este año pueden tener también incidencia, pues a cada publicación del festival en las redes sociales le responden centenares de usuarios potenciales o bien quejándose o bien ofreciendo sus entradas y abonos en venta a precio reducido. ¿Se rajan a última hora? En ese caso seríamos aún menos.

Desde luego, como comentábamos ayer, es un incordio añadido eso de no tener las 3.500 plazas de aparcamiento para el público general -VIP aparte- que sí se ofrecieron el año pasado y que fue un punto muy positivo salvo por el atasco del primer día -luego todo funcionó mucho mejor-.

Así que nada, al menos parece que, también igual que en el Download, los asistentes al Mad Cool vivirán mejor -y eso que en La Caja Mágica nos quitaron el césped artificial y nos dejaron chupando asfalto, no les rentaba este año-. Desde luego, en el festival heavy de la Caja Mágica no se vivieron aglomeraciones y todo fluyó suave al haber más de 10.000 personas menos que en las dos ediciones anteriores. El público que sí se anima sale ganando.

Igual no está de más reflexionar sobre este último punto y no intentar aquello del mejor cuanto más grande. Cuando Metallica tocó en mayo en el mismo recinto de IFEMA-Valdebebas, con 68.000 fans fue bastante complicado comprar bebida o comida y, aquí un servidor, optó por largarse a mitad de Enter Sandman por purita supervivencia. De hecho, el taxi arrancó justo cuando los fuegos artificiales alumbraban el cielo de la noche madrileña. Los que salieron después tuvieron que ser mucho más pacientes.

Igual, por tanto, una apuesta por la racionalidad tampoco estaría mal -este año ya la ha impuesto el público-. No reduciendo el aforo de 80.000 a 75.000, como anunció la organización el pasado noviembre -muy lejos de la realidad final-, sino bajándolo aún más en favor de una comodidad verdadera del gentío. Si a eso se le añaden, como en 2018, unas posibilidades de aparcamiento y transporte verdaderamente público y asequible -no taxis ni vtc, eso no lo puede pagar todo el mundo hasta su casa-, creo que todos estaríamos más contentos. 

Porque todo parece indicar que las incontables amenazas vertidas en redes sociales en plan "yo ya no vuelvo", "a mí no me veis más el pelo" o "no voy ni gratis", se han terminado cumpliendo. Que yo mismo tengo muchos conocidos y amigos que pasan totalmente de ir tras haber asistido el año pasado. El ambiente de postureo-VIPs-Instagram también pone bastante de los nervios a la gente que se gasta los cuartos, ojo a eso.

Al final se junta todo, pues con un cartel más poderoso hubiera habido menos bajas, eso está claro. Pero que mucho público de Mad Cool se siente o se ha sentido maltratado, es también una realidad. Ojalá este año sea de transición en todos los aspectos. Allá vamos.

- Consulta al detalle el Plan de Seguridad y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid para el Mad Cool Festival 2019 

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