Loquillo (2020) WiZink Center. Madrid

Loquillo reabre el WiZink Center: el rock al rescate

De la misma manera que fui a Los Punsetes en Moby Dick a finales de mayo con Ricardo y en junio a la parodia aquella del autocine, también con Ricardo porque de lo contrario ya me siento mazo de solo, este viernes había que estar en la reapertura del WiZink Center. Un lugar indudablemente milenario para todos nosotros desde cuando solo era Palacio de los Deportes, en el que tantas noches de pasión y crucifixión hemos pasado a lo largo de los años.

¿Quién no tiene un recuerdo de puta madre allí y en los aledaños? Pero que a ver, muchachada, que hicimos hasta previo con cerves y una copita de esas de urgencia porque sí, sin hacer preguntas, sin dar explicaciones. ¿Un roncito rápido? No me jodas, si te lo pides tú me lo pido yo. Pues claro, estamos a punto de volver a un concierto aquí en Goya, que no venimos desde aquella otra vida cuando los Editors en febrero. Cinco putísimos meses que tú me dirás qué mierdas hemos vivido. Eso merece…

Vídeos de conciertos: AC/DC el 26 de junio de 2010 en el Estadio Olímpico de Sevilla



Un concierto de AC/DC es algo para recordar y, por eso, recuerdo esta noche de viernes que hace diez años exactos estábamos quemando Sevilla junto a 72.000 notas venidos cada cual de por ahí y por allá, pero juntos aquí.

Una jodida década desde un viaje de esos que ya en el AVE el personal acaba con la Cruzcampo. Porque ya sabemos que eso es lo que hay el trayecto Atocha-Las Armas. Y antes de Puertollano ya estaba el vagón bar con un ambientazo que me pone los pelos de punkta ahora en 2020.

Qué puto disparate, qué cosa tan imposible justo ahora. Justo este año que tenía que ser el del regreso de AC/DC, pero se fue a la mierda como tantas otras cosas que pueden esperar, supongamos. Acabar con las existencias del vagón bar, en cualquier caso, era un reto fácil para el personal rockerazo entregadísimo a la causa.

Luego había que seguir y seguir y otra vez a seguir. Y que no quede un bar sin vernos el careto. Y luego el concierto que pasa con la fugacidad que pasan las cosas que te marcan para siempre. Y luego seguir y seguir y seguir y continuar y derrapar por la avenida Kansas City porque aquí ni hotel ni hostias, aquí el plan era volver en el primer AVE de vuelta a Madrid y así se hizo. Por los pelos, no sin antes lucir palmito hasta altas horas por la Alameda y pasar por el Fun Club.


Una noche de sábado como no habrá nunca otra, indudablemente. Es imposible, puesto que aquella ya fue. Pero, eh, que todo es ponerse. Los astros siempre se pueden alinear si el personal está por la labor. Nada es tan imposible en realidad, aunque ahora todos aquellos tengamos críos y, en fin, otras movidas.

Ya sabéis que llevo una temporada recordando vídeos de viejos conciertos y, sobre todo, compartiendo fotos de multitudes. Una forma de hacer tiempo hasta que todo esto que nos es vital pueda de nuevo ocurrir. Pues bien, por eso esta noche del viernes 26 de junio de 2020 hay que recordar aquella escapada salvaje a Sevilla el 26 de junio de 2010.

Porque vivimos en esas canciones, porque nos reconocemos en estos vídeos. Porque esas apenas 24 horas fuera de casa fueron fuente de trillones de chascarrillos privados que os contaré cuando me los preguntéis, queridos niños. Como cuando me tumbé sobre un montón de cristales rotos porque ya todo daba igual y al personal le extrañó lo justo.


No sé, es que vaya desparrame. AC/DC. Una religión a tener en cuenta, que no te miente. Podría estar toda la maldita noche rememorando la cantidad de gilipolleces que hicimos antes, durante y después. Pero vamos a poner los vídeos, sí, casi mejor. Recuerdo, eso sí, que a media mañana del domingo estaba en casa con AC/DC a rabo limpiando la casa entera porque no podía dormir después de un viaje infame de vuelta en AVE. Sin Cruzcampo, se entiende, pues ya la agotamos a la ida.

Pero joder, ¿cuánta libertad puede caber en dos horas de concierto de AC/DC? Imposible calcularlo, pero tiende a infinito. La crónica de aquel finde ya la hice por AQUÍ, de manera que ahora pues nada, eso, que os pongo unos vídeos que hacen justicia pero no mucha, no creáis. Es que lo recuerdo como si se abrieran las puertas del cielo, la verdad. Se abrieron, de hecho, y me besaron. Hasta hoy. Hasta siempre.

Y yo sé que me creéis, pero después de unos cuantos vídeos que me mola un huevo ver ahora, pongo un par de fotillos que son la prueba de que toda esta locura se vivió a una velocidad centrifugadora. Y aquí seguimos. Todo el serial de viejos vídeos de conciertos que ha ido recuperando durante estos meses de confinamiento están en su sección correspondiente, ergo, AQUÍ. Hasta que podamos volver a hacerlo bien.










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